viernes, 2 de noviembre de 2007
Matías (parte I)
Pero no me atreví, soy a la antigua. Prefiero esperar a que me aborden antes de que yo salte como un león hacia mi presa. Y esa presa por cierto estaba buenaza... cabello castaño lacio, cayéndole suavemente por un lado, ojos oscuros, grandes y penetrantes, alto y atlético...
"y tiene un hermoso trasero, habrá que ver la delantera..." Erika ya había dictado sentencia y el resto de mi grupo reía complacida y me daba palmadas en la espalda.
Bah, pero ¿qué tenía que perder si me acercaba a él? estaba sola, disponible, además bien arreglada, con una blusita celeste sensual de escote a medio pronunciar y un jean apretadito. Incluso me había maquillado cuando no suelo hacerlo. Mi apariencia no era tan obvia como para que la gente al verme leyera "busco un hombre desesperadamente aquí y ahora", pero tampoco como para que dijera "aléjense de mí, bassssuras, desde ahora me declaro lesbiana" .Y la gente, al verme, levantaba el pulgar hacia arriba como los emperadores romanos. Además estaba claro, él me miraba a mí y todos lo habían notado, tal vez todo el mundo en la fiesta.
Mientras pensaba esto, miraba mi vaso de cerveza y pensaba qué podía estar mal ahora, hay que tomar lo que uno quiere y casi de obligado si se está como yo en una sequía sentimental y fisiológica, hace más de una semana. Adiós remordimientos, estoy soltera de nuevo. Recuerda María, lo prometiste, la consigna es divertirse sin parar.
De pronto, levanté la mirada y mis amigas habían desaparecido. Matías estaba frente a mí.
Hablamos mucho. Se presentó, me presenté, luego las preguntas de rigor: "¿dónde vives?", "en Lima", "¿en qué trabajas?", "¡¿¿qué dices?? sorry la música está muy fuerte!!" "!¡¿Que en qué trabajas??
¡Ouch! la pregunta que no quería oir, peor aún, me salió con que era ingeniero y trabajaba como consultor de seguridad en una planta minera transnacional... ¡diablos! todo un ganador, ¿y yo? ¿quien soy yo?"
¡¡Soy periodista, trabajo en el diario XXX!!"
"¡¡¡¿¿Periodista, y en ese diario??, qué bien, es uno de los más importantes!!
Sonreí triunfal, casi tanto como si lo dicho fuese cierto, ya me veía yo entrando al enorme y antiguo local de ese diario, de portón, columnas y una enorme cúpula, flanqueada por mi fotógrafo y el asistente, lapiz y cuaderno en mano, en pos de la noticia...
De pronto ya nada podía detenerme, ahora era periodista-jefa de redacción, tenía treinta personas a mi cargo a quienes reunía todos los lunes en la mañana en mi enorme oficina del tercer piso desde donde podía contemplar los edificios y casonas del Cercado de Lima en su agitar diario. Y por supuesto, que me pagaban muy bien. Ah y no faltaban por supuesto las comisiones periodísticas que realicé hace un par de semanas en París y Madrid...
... no sé si fue mi respuesta, o el hecho de estar cada vez más cerca a causa de que no nos oíamos, la cosa es que empecé a sentir calor, me había sonrojado. Demonios ! sonrojarme a estas alturas, y como una quinceañera... pero estaba contenta, el efecto causado en mi hombre ya se notaba bien: se mostraba asombrado y complacido, aunque algo no le había quedado claro:
"¡¡¿¿comisiones en dónde??!!"
Suspiré un poco, era tedioso estar gritando todo y encima más de una vez. Pero eso lo ponía cada vez más cerca, ya casi sentía su aliento. Tomé aire de nuevo.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡Que estuve en Paris y Madrid, HACE DOS SEMANAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Un silencio brutal se apoderó de la sala: la música había terminado justo cuando le mentía a todo pulmón a mi nuevo amigo. ¡Qué vergüenza!Pero eso no fue lo peor, una vocecilla salió de algún rincón de la sala para rematarme de un tiro
"¿Que te fuiste a París, Madid?"
Y otra más
"¿dos semanas?"
y otra
"pero cómo no nos lo contaste antes..."
Ahora unas diez personas nos rodeaban y me llenaban de preguntas, de reclamos y de más preguntas. Y estas eran cada vez más incisivas, tanto que yo misma iba retrocediendo poco a poco tratando de defenderme. El semblante de Matías comenzaba a pasar del asombro feliz a la alegría discreta y comedida, y ya veía mi cadáver en el paredón retorciéndose a causa de las miles de balas-preguntas. Pero tenía que defenderme. Que viajé a Europa en una comisión secreta y por eso no se los conté. Que hace un par de semanas creíste verme y hablar conmigo, pero no era yo. Que uso seudónimo en vez de mi nombre real por una cuestión de seguridad.
"Sí pero, ¿de ese diario no que te habían...?"
"¡NO!"
Estaba sudando, y el grito que di hizo retroceder a todos los que me hostigaban ya. En ese momento me sentía en medio de un charco de sudor y desconsolada. Desesperada también. Mi lengua larga me iba a dejar en el más completo de los ridículos y alejar definitivamente de mi nueva conquista, que por cierto, ya no estaba entre los curiosos que me rodeaban.
Necesitaba hacer algo, y ya. Pero de pronto...
jueves, 27 de septiembre de 2007
Sin trabajo
Mi primer día. Hora: 6 de la tarde. Fecha: 26 de setiembre de 2007. Lugar: la biblioteca de mi casa. Aquí, sentada frente a mi computadora, muriéndome de frío y al calor de mi hogar (valga la contradicción), he decidido escribir un poco acerca de mí misma. Me presento, soy periodista y escritora. Bueno, en realidad, una reverenda desconocida que escribe, pero al fin y al cabo escritora.
Sin embargo, no solo es mi primer día porque me he aventurado a iniciar esta malsana práctica del desnudismo literario (la cual siempre se enciende cuando estoy en problemas): es mi primer día sin trabajo. Sí señores, me uno de grado o fuerza al club de los desempleados del Perú, a la asociación de los Sobre Manila enquistados en sus largas colas los lunes en la mañana, a los “pataditas” de las latas y latones en muchos casos, que hacen malabares de envidia, no con las latas, sino con lo poco que consiguen para sobrevivir.
Ah, pero me urge titular antes de entrar en detalles, ponerle un título a esto que escribo (manía reporteril ustedes me perdonarán). Qué tal “no necesitamos más redactores en el diario” ?
Pues sí, eso fue lo que me dijeron ayer en la tarde en la oficina (una importante empresa periodística). Y lo sentí como un post-it que me hubieran pegado en la frente. “Ha bajado la cantidad de trabajo, otros pueden hacer lo que tu hacías, gracias por los servicios prestados, etc etc etc”. Ya me veía con la cara llena de esos papelitos de recados.
Ojos que no ven. Esa no es la verdad. El diario no vende. Ni aún cuando a los pobres redactores practicantes se les redujo el salario, ni aún cuando se dejaron de hacer publicherrys franeleros y gratis, ni aún cuando se llevaron para siempre la impresora a colores, ni aún cuando se torció una vez más la línea editorial en favor del nuevo gobierno. Por favor, Que esa empresa editora tiene más deudas que Fujimori por sus crímenes, y se va derechito a la bancarrota. ¡ Joder !
Casi recuerdo como si fuera ayer cuando ellos me llamaron. Fue hace un año atrás y la empresa estaba al borde de la gloria, era la top ten de lectoría, más de 500 mil ejemplares vendidos cada día. Y yo, bueno, en ese entonces, yo estaba…
Pero ya conté demasiado, lo demás lo completo en la siguiente vez. Prometido. Ahora necesito urgentemente algo caliente que beber.













